Habilidades socio-comunicativas

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Mario Gonzales

016.04.24.

Una crisis como ninguna otra, en tiempos post modernos, le tocó vivir a muchas personas, durante la pandemia de la COVID 19. Los (as) ciudadanos (as) enfrentaron eventos y situaciones sanitarias y de salubridad de emergencia, propios de una sociedad del riesgo, en donde la presencia de un factor (de riesgo) significaba una permanente y directa amenaza a la salud, la vida y la paz de todos. Cambió la vida, de pronto, nuevos objetos, hábitos, prácticas y modos de vivir y sobrevivir se impusieron en la sociedad, en medio de elevados niveles de miedo, conflicto y de tragedia, a la vez, se evidenciaban impúdicamente las falencias sociales, estructurales e históricas, y ¡Cómo no, la política! de varios países.

Los profesionales de la salud y otros, advertían que un aspecto como la salud mental, especialmente, del grupo de padres con niños, ha sentido que la pandemia los condenó a llevar una carga mayor, situación asumida por Naciones Unidas: «no debe pasarse por alto el efecto a largo plazo de la crisis en la salud mental de las personas y, a su vez, las consecuencias de la salud mental en la sociedad». Esta situación continua con la indiferencia de todos, aunque tambien se espera que la vuelta a la presencialidad, la práctica del respeto, el comportamiento responsable, del cuidado de la salud física y emocional, se recupere la capacidad de interacción con los otros.

La población en general, a pesar de las diferencias de desarrollo y de modos de vida, experimentaron los mismos eventos dramáticos y situaciones-límite, pero a la vez desarrollaron respuestas similares y, como lo han destacado políticos, empresarios y profesionales, mostraron su fuerza interior, se redescubrieron grupal e individualmente. La pandemia despertó en muchos la creatividad, el espíritu innovador y en otros casos, una gran capacidad de adaptación. Se multiplicaron los emprendimientos, de hombres y mujeres -sin distinción- exhibían sus habilidades y competencias para vivir y sobrevivir en una nueva situación pero con nuevas soluciones de teletrabajo, con comercio electrónico, transporte, mensajería y entrega de comida, víveres y medicinas.

En los días de marzo, mes de conmemoración de la gran pandemia, aunque los días pasaron desapercibidos, con ella conocimos las innovaciones de la cotidianeidad como el estado de emergencia sanitaria, los confinamientos, la distancia social y más. Sin embargo, aquí y ahora, vemos que la pandemia sensibilizó a mucha gente,  y otros han aprendido algo de esos rudos tiempos. En la cotidianamente, se escuchan con frecuencia,  palabras como empatía, resiliencia, emprendimiento, entre otras, que siguen en voga, y podemos ver otras señales de que “lo último, es el cultivo de la habilidades “blandas” y “duras” como una tarea dejada por la pandemia.

Amartya Sen (1996) y Martha Nussbaum (2002) promovieron algunas ideas y una gran propuesta dirigida al mundo: que se reconozca el enfoque de capacidades y se de respuestas a una pregunta clave: ¿Qué es capaz de hacer y ser cada persona? Una propuesta que dió fuerza a la UNESCO para asumir el rol promotor y de empoderamiento de las ciencias sociales y humanas, con la finalidad de desarrollar competencias y habilidades sociales que hoy conocemos como “blandas” y “duras”, es decir, una forma de humanizar y neutralizar la tendencia a la tecnocratización de la educación y en general, de la vida y cultura humana. Ideas, que siguieron la senda de la teoria del desarrollo humano de Amartya Sen (1996).

Los docentes Gonzales y Galarza (Modelo de Tutoría. 2019. UNE) enfocados en la teoría del desarrollo humano, promueven un modelo tutorial universitario, orientado a una formación integral universitaria, basada en el equilibrio académico-personal-social, que no descuide la salud personal y emocional, pues según un estudio canadiense (con una muestra de 504 estudiantes), se comprobó que influye en un 15% del rendimiento académico de un estudiante. Concluyen que un alumno, satisfecho con su salud física y bienestar psicológico, obtiene mejores calificaciones. Visto así, es menester fortalecer las capacidades de liderazgo (que trasmite valores); la creatividad (que exhibe ingenio, originalidad); y emprendimiento (que puede hacer realidad los proyectos).

Alcanzar el equilibrio entre lo profesional (habilidades duras) o emocional (habilidades “blandas”) y cultivar las habilidades sociales, que no es mas un desafío, esta en todo programa educativo, son contenidos que promueven cambios, corrigen conductas, refuerzan las correctas y perfeccionan lo que se hizo bien. En el ámbito del autoaprendizaje, las habilidades se hacen diversas,  es menester agruparlas. Las primeras: escuchar, presentarse, mantener una conversación; otro grupo de habilidades avanzadas es: pedir ayuda, disculparse, participar; el tercero: resolver nuestro miedo, expresar sentimientos, enfrentar la ira de otro; el cuarto grupo: saber compartir, responder a las bromas, defender los derechos propios; en el quinto están las habilidades sociales de responder a la vergüenza, al fracaso, prepararse para una conversación difícil; finalmente, el sexto grupo: reconocer tus propias habilidades, concentrarte en una tarea, establecer un objetivo.

¿No se conocen todas las habilidades “blandas”? Todo lo contrario. En un artículo en la Red Internacional de Periodistas (IJNET), a propósito de los nuevos rumbos y desafíos que esta tomando la educación periodística, la periodista inglesa Karen Fowler-Watt (Universidad de Bournemouth), se pregunta: ¿Qué se esta enseñando en las escuelas de periodismo? Un tema de importancia académica, sobre el cual ensaya respuestas al periodismo actual que, por un lado te exige comprender categorías complejas como diversidad o inclusión, además de emplear una variedad de fuentes en la producción de sus contenidos (habilidades “duras”) se exige a los periodistas, expresar solidaridad (habilidades “blandas”) con los otros, con los subrepresentados. Fowler- Watt, interpreta de la misma forma que lo hacemos en estas líneas y más cuando afirma que, “la resiliencia es más importante que aprender lo último de la informática, porque cualquier organización periodística te enseñará a editar”. Indudablemente, con ella,  tenemos una comunión sobre el punto.

En este campo, estas habilidades o disposiciones de gran utilidad, requieren ser educadas, cultivadas, entrenadas. Se trata de una habilidades comunicativas clave en la comunicación educativa, o en otra forma de interacción como el periodismo. Para hacer uso de las técnicas de estudio, es necesario tener información sobre su utilidad y conocimiento sobre la forma de estudiar. Pero el individuo debe poseer una actitud positiva ante el aprendizaje, además de un buen autoconcepto de sí, (vale la redundancia); saber usar el tiempo, el ambiente de estudio, capaz de atender y concentrarse; entonces para fortalecer el propósito cognitivo, hará uso de saber subrayar, resumir, trabajar en equipo, hacer esquemas, tomar apuntes, elaborar mapas y organizadores gráficos, hacer trabajos escritos y más.

Nos encaminamos a un modelo, no solo de educación híbrida, sino de todos los aspectos de la vida, con cultivo de habilidades blandas. Quizás se tome lo mejor de cada mundo y superemos el miedo a la “deshumanización”, y de pensar en reemplazar nuestra actividad con la Inteligencia Artificial y otros artefactos, sustituyendo a las irremplazables capacidades humanas que son geniales. Pero las tecnologías son una gran oportunidad para aprender y compartir la vida y los nuevos aprendizajes, mas ahora, en tiempos disruptivos, por efecto de las TIC´s, saber emplear herramientas como la Inteligencia Artificial, al parecer, ofrece más ventajas y facilidades para el ser humano, si acaso no hace del hombre alguien que renunció a pensar y hacer las cosas más simples de la vida.

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